“De tu corazón sale la vida y se abren las bendiciones del cielo”.

No depende de lo que damos, sino del corazón con que lo damos

     Basada en el evangelio de San Lucas sobre la viuda que dio todo lo que tenía, la homilía nos invita a cuidar nuestro corazón, como dice Proverbios 4:23: “de tu corazón sale la vida y se abren las bendiciones del cielo”.

     Se destaca que las opresiones y dificultades pueden acercarnos a Dios, transformando nuestra vida, tal como el carbón se convierte en diamante y la ostra en perla. La verdadera ofrenda no depende de lo que damos, sino del corazón con que lo damos; Dios desea lo mejor, no las sobras.

     El mensaje nos llama a que nuestra vida sea un reflejo de la alegría de Dios, dejando atrás la tristeza y llenando el corazón de Su Palabra. Meditar en la Escritura diariamente trae felicidad y protección espiritual.

     Además, la homilía recuerda que la bendición de Dios no se cambia por nada, que la alabanza y la gratitud nos fortalecen y que, ante cualquier tribulación, Dios nos protege y nos saca adelante, como hizo con Daniel.

     En conclusión: nuestro corazón es para Dios, y a Él debemos darle lo mejor en adoración, alabanza y acción de gracias.

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