El Espíritu Santo despierta la alabanza y da la libertad interior
Los salmos son cantos que brotan del corazón del orante, enseñándonos a alabar a Dios de forma práctica. La verdadera efectividad del mensaje no depende del predicador, sino del poder de Dios y de la disposición del corazón que escucha.
El Salmo 136 es presentado como una gran acción de gracias y un recordatorio del sentido profundo de la alabanza. La alabanza no es opcional: es indispensable para mantener viva la fe. Cuando se apaga la alabanza, se apaga la pasión espiritual. Así como en una relación humana el amor se alimenta con palabras de afirmación, en la vida espiritual la alabanza mantiene el corazón enamorado de Dios, reconociéndolo por lo que es, no solo por lo que hace.
El salmo funciona como un “GPS espiritual” que centra la vida en el jésed: el amor misericordioso, firme y eterno de Dios. También muestra que el combustible de la alabanza es la historia personal, porque en cada etapa de la vida, enfermedad, crisis, confusión — Dios ha estado presente.
El predicador destaca tres enseñanzas principales del Salmo 136:
- La alabanza ordena el caos
Desde el Génesis, cuando Dios actúa, pone orden donde hay desorden. En la vida personal, la alabanza ayuda a enfocar el corazón no en el caos, sino en lo que Dios hará con ese caos.
- La alabanza revela nuestra identidad
El “desierto” espiritual es un tiempo educativo donde el alma no siente a Dios, pero Él está obrando. Es en ese desierto donde se depura lo superficial y se descubre lo esencial.
El predicador invita a preguntarse:
¿Qué es lo esencial en tu vida?
Hijos, pareja, trabajo… todo pasa. Lo esencial es el crecimiento espiritual, el cuidado personal y la búsqueda de la presencia de Dios, permaneciendo firmes en medio de las pruebas.
- La Tierra Prometida es aquí y ahora
La plenitud espiritual llega cuando se entrega a Dios el gobierno de la vida: salud, emociones, economía. Es tiempo de soltar la “quejabanza” y construir desde la alabanza, que trae verdadera felicidad en Jesús.
Cada creyente puede convertirse en un nuevo salmista, como David, porque ¡el amor de Dios es eterno!


