19º Domingo del tiempo ordinario

Se puede ir por la vida hundido por las circunstancias negativas que nos hacen perder la alegría, las fuerzas, la capacidad de comunicación y de solidaridad. Se puede “ir tirando”. Pero “lo que se tira” es la misma vida, la única que tengo.

Vivir sin esperanza, no es sobrevivir, sino malvivir. Vivir destruyéndose. Pero ¿qué esperanza es hoy posible, realista, hacedera?

La memoria de cómo nos ha ayudado el Señor en el pasado (1 lectura), el ejemplo de los grandes creyentes, que por eso fueron grandes esperantes (2 lectura) y el haber sido elegidos de Dios y contar con su amor misericordioso (salmo), hacen que la alabanza, la confianza y la acción de gracias puedan estar presentes, dinamizando nuestro ánimo y nuestros proyectos vitales

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6-9

 

La noche de la liberación les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.
Tu pueblo esperaba la salvación de los justos
y la perdición de los enemigos,
pues con lo que castigaste a los adversarios,
nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.
Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina:
que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

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