“ El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros ”

2026-01-14-Fr-Diego-BLANCO

2º Domingo de Navidad

En el misterio de Navidad celebramos precisamente este movimiento: Dios que se acerca, que se deja pronunciar, que se hace audible, visible y tangible. En Jesús, la Palabra divina ya no es un concepto, ni un sonido, ni un libro: es un rostro. Es vida que ilumina la nuestra. Y cada vez que la acogemos, algo de nuestra oscuridad se vuelve claridad. Cada vez que la escuchamos, nuestra historia se vuelve más humana y más divina.

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

 

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.

En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.

«El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.

Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir.

Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.

En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.

Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».

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