27º Domingo del tiempo ordinario

El evangelio de Lucas nos invita a hacer el camino con Jesús hacia Jerusalén. El texto que leemos hoy marca el término de la segunda etapa de ese camino. Tiempo oportuno para hacer balance y retomar fuerzas para seguir caminando.

Para el creyente caminar no es solo un desplazamiento físico sino sobre todo una experiencia de vida. Caminar implica tener una meta, pero una vez puestos en marcha es necesario tomar una dirección. Ha diversas formas de alcanzar esa meta. Contamos con diversos sistemas de navegación que nos ofrecer la ruta a seguir. Teóricamente nos proporcionará aquella que es más corta. Llegamos más rápido pero no siempre esta opción nos permite disfrutar el camino. Hoy las prisas y la inmediatez que tiene el ritmo de nuestra vida nos hacen vivir acelerados. Buscamos la eficiencia y practicidad. El camino de la fe tiene otros parámetros, es necesario adquirir otras dinámicas, buscar otras formas.

Lectura del Profeta Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4

 

¿Hasta cuándo, Señor,
pediré auxilio sin que me oigas,
te gritaré: ¡Violencia!,
sin que me salves?
¿Por qué me haces ver crímenes
y contemplar opresiones?
¿Por qué pones ante mí
destrucción y violencia,
y surgen disputas
y se alzan contiendas?
Me respondió el Señor:
Escribe la visión y grábala
en tablillas, que se lea de corrido;
pues la visión tiene un plazo,
pero llegará a su término sin defraudar.
Si se atrasa, espera en ella,
pues llegará y no tardará.
Mira, el altanero no triunfará;
pero el justo por su fe vivirá.

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