4º Domingo de Cuaresma

En un proceso que va, desde el silencio y el aislamiento producido por el miedo de la enfermedad, a la sorpresa de los vecinos, que dudan que sea el mismo ciego que antes veían, debido ahora, a su falta de ceguera; que va también desde la opresión religiosa y la soledad consecuente, a la libertad de la fe en quien ha roto su suerte fatal; que va de la exclusión culpabilizadora atribuida al estigma social del pecado, al descubrimiento del amor liberador de Jesús. En todo este recorrido, el ciego lleva adelante un camino catecumenal donde, al hilo de la dura reacción que de cada uno de los personajes tienen ante este hecho liberador, el texto nos muestra algo propio del evangelio de Juan: el contraste entre las personas abiertas a la búsqueda de la luz que hay en la aceptación de Jesús, y quienes convencidos de conocerlo todo acerca de Dios por su situación de intérpretes autorizados de la Ley, están incapacitados para superar su estado de ceguera permanente y poder reconocer a Dios en la debilidad humana de las personas.

Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a

 

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
«Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».
Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo:
«Seguro que está su ungido ante el Señor».
Pero el Señor dijo a Samuel:
«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».
Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:
«El Señor no ha elegido a estos».
Entonces Samuel preguntó a Jesé:
«¿No hay más muchachos?».
Y le respondió:
«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».
Samuel le dijo:
«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».
Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:
«Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».
Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

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